Hacer más las cosas que amas.

“Mamaaaaaaa, tengo miedo!!!” se escuchaba bastante seguido en las noches de infancia desde mi habitación, donde mesa de luz de por medio, dormíamos con mi hermana @nmaltagliatti .

En mi cama junto a la pared, el ruido del viento moviendo la vieja ventana de metal durante la noche me aterraba.

Igual, para ser honesto, si no hubiese sido la ventana, habría inventado alguna otra excusa como una sombra, un ruido en el fondo o algún monstruo de turno para conseguir lo más lindo del mundo para un niño: Dormir con su mamá o su papá.

Seguido a mis gritos, aparecía mi vieja con sus rulos despeinados en la puerta y un almohadón en la mano.

Por mucho tiempo me culpe un poco de las noches de poco sueño y los dolores de espalda de mi madre, pero hoy que tengo hijos me gusta pensar que era algo que también ella en algún punto disfrutaba.

Como padre no hay nada más lindo que dormir con los hijos, a mi me encanta. Y aunque tengo muy buenas remake de cuentos como los tres chanchitos YouTubers donde el Lobo les corta el Wifi o Ricitos de Oro que irrumpe en la casa de los tres osos gamers para jugar a call of Duty, Minecraft y Roblox, es un momento que me da tanta paz que termino yo durmiéndome antes que ellos.

Paradójicamente aunque dormir con ellos es algo que disfruto mucho, lo hago pocas veces. Esa estupidez adulta de no hacer mucho más las cosas que nos hacen felices.

En mi último viaje a Argentina, volví a dormir con mi mamá. Era un viernes por la noche en su casa y esta vez no había miedos, ni ventanas, ni gritos, solo los dos en silencio, bajo una manta mirábamos la TV; Y aunque esa noche ella me daba decenas de razones racionales para que yo haga muchas otras cosas, me alegra haber tomado la decisión correcta y haber elegido a tiempo soñar una vez más juntos como cuando era niño.

Buenas noches 😴

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