La vida de un anillo

Este anillo es de mi tío. Miguel Ángel, miguelito, tío negrito son algunas formas de recordar a una misma persona. Sé que no es mío, es solo un inquilino en mi dedo del medio, quizás esta ahí porque es muy grande para otro dedo o quizás porque tanto él como mi tío, viviéron con ese sentimiento de libertad y Fuck the world.

Fue creado por manos brasileras, para ser mas preciso bahienses, allá por la década del 70’ al sol de la calurosa Bahía. En una casita pequeña a pocas cuadras del colorido Pelourinho mientras de fondo sonaba “Can’t Find My Way Home” de Gilberto Gil en la radio y no había otro tema de conversación mas que la mágica Brazil de Rivelino, Pelé y Tostao.

Su encuentro fue totalmente casual. Mi tío caminaba por el centro histórico y justo frente al convento de São Francisco, un mantero sobre baldosas portuguesas concretaría el encuentro.

Desde ese día han viajado juntos. Física y mentalmente, buscando siempre ese camino de regreso a casa, canción que sonaba de fondo cuando nació.

Años después, mientras vaciábamos la casa de mi tío con mi hermana nos lo encontramos. Esta vez el encuentro fue sin calor, sin música y mucho menos colorido.

Desde ahí decidí invitarlo a mi dedo, parte pare recordar a su dueño y parte para que me guie a mi también.

En su cuerpo le tatué la palabra “TIO” y una fecha importante.

Algunas mañanas despierto en mi cama y me siento raro, como si algo faltase y veo que el anillo no esta en mi dedo. Después de unos segundos de urgencia, lo encuentro debajo de alguna almohada o entre las sabanas, como si quisiera irse.

Si algún día lo pierdo, por un lado tendré la tristeza de extrañarlo cuando muevo mis manos, pero por el otro tendré la alegría de saber que ha encontrado ese camino que vienen buscando desde hace mucho tiempo.

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